Crónicas

Cambios de personalidad y actitud después de un diagnóstico grave

11 febrero, 2020

No podría explicar con palabras lo que se puede llegar a sentir cuando te dicen que tienes una enfermedad grave, crónica, degenerativa o rara. Tu subconsciente intenta convencerte de que no es real, de hecho, yo tardé meses en aceptar todo lo que los doctores me había dicho y renegaba de ellos. ¿Cómo es posible? De una día para otro cambia tu vida, ¿así sin más? No puede ser…

IMPORTANTE: Este relato es mi vivencia personal. Cada paciente tiene una manera de vivir su situación. Este artículo no pretende ofender a nadie ni es una pauta. Este relato está escrito en tercera persona simulando mi voz interior.

Vuelves a casa tras la salida de la consulta del médico. Caminas pero no lo parece. Sientes que flotas. Oyes el ruido de la calle, la voz de las personas, pero no entiendes nada, todo suena a murmullo y se reelentiza todo, como en las películas.

Te pasas los días llorando, hasta un punto inhumano, tú y todxs lxs que te rodean. La familia y amigxs hacen mil preguntas e intentan buscar algún error en el diagnóstico o factor que se haya pasado por alto, buscando explicaciones al tal atrocidad.

Te levantas cada mañana con tu nuevo pastillero, aturdida, sin saber que va a pasar, sin saber si habrá un mañana y castigándote por creer ser la culpable de todo lo que te está pasando. Empiezas a buscar motivos sin causa, a intentar buscar respuestas donde no las hay. Buscas en internet testimonios de personas que sufren lo mismo que tú e intentas aliviar tu dolor buscando consuelo en casos de personas que sobrevivieron, pero poco alivia esto tu sufrimiento, pues el dolor de los demás no es consuelo para tí.

Comienza tu insomnio, las noches se vuelven monólogos de caos y culpa, de miedo y castigo. Das vueltas en la cama sin poder pegar ojo, sin encontrar consuelo en tus lágrimas. Miras a la personas que duerme a tu lado, a la que tanto amas y te preguntas por que se quedó a tu lado cuando puedo salir corriendo y empezar una nueva vida libre de drama y sufrimiento. Te sientes responsable de nuevo.

De repente un día decides que estás cansada de llorar y te invade un subidón de positividad. Te sientes fuerte y capaz. Crees ser resiliente y te convences que nada podrá pararte, que la vida son dos días y que no lo vas a desperdiciar. Sales a la calle, retomas tu vida, la que tenias antes de todo este caos y te sientes viva y agradecida por haberte despertado un día mas.

Has estado aislada del mundo varias semanas, sin aparecen el los colegios, el entorno de trabajo y rutinas habituales. El ser humano es casi tan empático como curioso, y tu dicha, comenzará a menguar tras las preguntas ajenas, que puede, te incomoden o necesites hacer saber. -¡Cuanto tiempo hace que no te veo! ¿Dónde has estado? ¿Qué te ha pasado? ¿Qué dices? No puede ser ¿Pero cómo? ¿Así de repente? Pero si te vi hace nada y estabas estupenda…-

Tu dicha y agradecimiento se va apagando, ha sido solo un subidón de autodefensa, no era real. Lo que está siendo real son esta preguntas que te hacen volver a todos esos sentimientos que cubrieron tu alma de llanto.

Te vas destrozada de esa conversación con una bofetada de realidad. Vuelves al inicio de todo y tu estado emocional cae en picado. Te alejas de todo el mundo, no quieres dar explicaciones cada dos por tres, no quieres que te pregunten, pues solo te hacen recordar el dolor.

Las obligaciones que tienes no han cambiado y no van a cambiar por mucho que tu vida lo haya hecho. Trabajo, casa, hijos, pareja..La relación con todas ellas se vuelve fría y endurece. No estás estable emocionalmente para ser justa ni tener templanza.

Te vuelves irascible, todo te molesta. No entiendes como no recibes lo que necesitas, cariño, comprensión, empatía, interés, ayuda…-¿Por qué la gente que creía amiga no actúa como yo considero que debería?- te preguntas. Crees que el mundo debería pararse por tí, pues nadie lo está pasando peor que tú. Les das la espalda. No contestas a las llamadas de tus amigxs y te alejas de tu vida social, dolida, rencorosa…

El caos empieza a reinar en casa. Cualquier pequeño inconveniente se convierte en un gran problema. Saltas a la mínima y nadie te comprende. -¿Por qué estás todo el día enfadada?-te preguntan. Esto no hace mas que agravar tu enfado, ¿cómo pueden preguntarme algo así? ¡Es obvio!
Te recriminan que estas perdiendo el norte, que no puedes seguir así, que entienden lo que estás pasando (obviamente no), pero no es manera de vivir. Qué fácil es decirlo desde la salud.
Toda la ira, el enfado y la rabia que sientes no es personal, es tu mane
ra de pedir auxilio, de necesitar ayuda, de querer que todo esto pase, pero sabes comunicarlo, no quieres decirlo…

Llega un momento en el que tu mundo se vuelve del revés, tus hijxs te preguntan por que lloras a escondidas, por que estás tan enfadada siempre, por que gritas y te olvidas de asistir a su actividades del colegio. No hay peor acusación que la que proviene de tu hijx, suplicando que vuelvas, a modo de preguntas. Te hunde todavía mas. ¿Qué te está pasando?

Te miras al espejo y no sabes quien eres, que quieres, si tu vida va a volver a ser la misma o vas a tener que enfrentarte a mas adversidades. -No por favor-suplicas en voz baja. Quieres despertarte pero no es un sueño, es la realidad, tu realidad, y no puedes cambiarla, ¿o si?

De repente algo en ti cambia, tu cabeza va a mil por hora repasando todo este tiempo en que te sentiste perdida. Levantas la mirada hacía el espejo y tu mirada a cambiado. Es una mirada resiliente de verdad, llena de vida, de ganas de superarse y de querer vivir. Te das cuenta que no merece la pena tirar por la borda los años que te queden viviendo de tus pensamientos mas oscuros. Que tienes dos opciones, morir en vida llena de pastillas anti depresivas y aislarte del mundo o aceptar tu condición, conocer tus límites y tratar a la enfermedad como una compañera de viaje.

Sales del lavabo y abrazas a tu pareja, esa que siempre ha estado ahí y que sufre mas que nadie por verte así. Te abraza pero no dice nada, no hace falta. Sus lágrimas dicen: -Has vuelto- suspirando de alivio.

Vuelves de una manera distinta, no eres la misma persona que todxs conocían. Algo en ti cambia drásticamente, a mejor. Haces de tí tu mejor versión, ves la vida de otra forma y aprendes que las mejores cosas de la vida no son cosas.

Te queda mucho por recorrer, has dado el paso de la vida, pero no será un camino fácil. Tras haber caminando descalza por un sendero llano, rodeado de hierba fresca y flores silvestres, donde los días eran preciosos, el sol iluminaba tu camino, de repente, las nubes apagan el sol, la hierba se convierte en piedras afiladas y lo único que ves al final del camino son montañas imposibles de escalar. De repente tu vida cambia, sin quererlo ni esperarlo. Arrancas tu suave vestimenta para ponerte una armadura, sueltas de tu mano las flores que habías recogido para empuñar una espada. No te lamentes, solo coge fuerte tu espada y enfréntate sin miedo a lo que hay detrás de las montañas.

Habrán recaídas, momentos de bajón e incertidumbre, pero lo mas importante de todas tus caídas no serán éstas, sino, la manera en la que te levantes.

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4 Comments

  • Reply Rosa 11 febrero, 2020 at 8:50 pm

    Buenas tardes: de “Rara a Rara”… Comprendo absolutamente todo, las “Raras” compartimos sufrimiento y mucho.😥🤷 quiero decirte que, hace un año he empezado a practicar Yoga; noto mejoría. 🙏 Si encuentras una buena maestra , te lo recomiendo.🌹👍 Un besín, Gracias.

    • Reply nataliagp 12 febrero, 2020 at 12:17 am

      Rosa! Es mi tarea pendiente, lástima que no encuentro momento para practicarlo, pero creo que me ayudaría mucho! Un abrazo grande

  • Reply Fernanda 19 septiembre, 2020 at 4:54 pm

    Te acabo de encontrar en Twitter y me siento feliz. Creo que puedo aprender mucho de ti. Estoy en un proceso similar 😊

    • Reply nataliagp 20 septiembre, 2020 at 11:22 am

      Espero que te ayude a seguir tu camino 🙂

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