Bienestar y belleza

Meditar para sanar: Escucha tu mente para sanar tu cuerpo.

21 diciembre, 2019

Para mí, la meditación es una manera mística de conectar con el alma. Empecé a meditar a raíz de mi diagnóstico, para escuchar a mi cuerpo, para que éste me “hablase” y “contase” que estaba pasando. Nadie me ha enseñado a hacerlo y creo, que no hay una manera de meditar única, y que crear una propia, es la manera mas sanadora y poderosa para estar en calma.

Te voy a contar como lo hago yo, pero como decía antes, debes encontrar tu manera, tu forma de hacer, con lo que te sientas a gusto. Deja volar tu imaginación y podrá visualizar una de las mas hermosas técnicas de autoconocimiento.

Preparación para la meditación

Cualquier momento es bueno para meditar, siempre que el ambiente sea limpio, silencioso y te dé paz. Busca un rincón de casa donde puedas estar cómodx. Si tienes la suerte de poder hacerlo al aire libre mucho mejor, y si tienes la posibilidad de hacerlo en la playa todavía mejor! Pues en al playa podemos encontrar los cuatro elementos de mundo místico: agua, fuego, tierra y aire.

Mi lugar favorito es mi habitación, que elegí por varios motivos. Uno de ellos es por que tiene corriente de aire y éste es mi elemento del zoodiaco, además que está poco amueblado y deja fluir mejor la energía.

Me pongo ropa cómoda, sin costuras. Antes de comenzar me mojo con un poco de agua las extremidades del cuerpo (orejas, punta de los dejos, nariz y pies). El agua es conductora de energía y siento la necesidad de sentirla en ese momento.

¿Por qué meditamos?

En mi caso, hago meditación para escuchar a mi cuerpo y encontrar una conexión buscando respuestas al motivo de mi enfermedad. Puedes meditar por muchos otros motivos, quizá buscas relajación, paz interior, entender un conflicto….sea el motivo que sea prepara tu forma de meditar según tus necesidades.

Meditar para sanar

En mi cama, me oriento mirando al este. El motivo, de nuevo, es por que es mi punto cardinal según mi zoodiaco. Con mis manos rodeo mi tórax, abrazando mis pulmones (que es lo que mas afectado tengo). Cierro los ojos y empieza mi magia.

En mi mente proyecto una visión. Me veo a mí misma, desde el aire, en mi posición y forma. Del cuerpo, sale una espiral muy brillante llena de brillantina y destellos de luz. El color de ésta puede variar según mi estado emocional. Cuando estoy de bajón, mi mente suele proyectar esta luz de color blanco o dorado, que para mi, son los colores mas intensos y poderos. La espirar me envuelve y sube hacía arriba.

Cuando alzo mi vista (en mi visión) puedo ver a todos y cada uno de mis familiares fallecidos, los haya conocido en vida o no. Todos ellos, visten ropa blanca y se cogen de la mano, rodeandome en un círculo donde yo quedo en el centro. Mi luz conecta con ellos, que también proyectan la suya desde el Anahata, el chakra número 4 que representa los pulmones. Mientras recibo su energía, los miro uno a uno a los ojos. Puedo recordar su voz y hasta su olor. Veo sus sonrisas en el rostro. Jamás hablan, al menos no con los labios, pero no hace falta que lo hagan, les oigo y les siento tan cerca que casi parece real.

Intento recordar momentos del pasado que tienen heridas abiertas y relacionarlo en el momento en que mi luz quebró para abrir paso a mi condición actual. Como si de una tercera persona tratase, busco aquello que mas me dolió, aquellas heridas que han cicatrizado mal y que puede que aún no hayan sanado del todo.

Pongo delante a esa persona que me hirió, esté viva o muerta. La abrazo, le perdono. No quiero sentir rencor ni ansiedad al pensar en ella. Si fuese el caso de haber sido yo la que le trató mal, me disculpo e intento recibir su perdón.

Cuando mi último familiar acaba de darme su luz, me despido de ellos. La luz que me habían trasmitido remite y vuelve con ellos. Desaparecen uno a uno, quedando su luz en mí. Vuelvo muy despacio hacía abajo, queriendo entra otra vez en mi forma física.

Después de todo este proceso, y en la medida de lo posible, entro en la ducha para quitarme los restos de negación o toxicidad que haya podido quedar en mí. Al salir de la ducha, me siento nueva, siento mi cuerpo y mi mente sanar.

Puede que mi recuperación sea obra de la medicación pero también puede ser que mi mente lo esté ayudando.

Cuando todo parece estar derrumbandose, lo único que está pasando, es que está volviendo a su lugar.

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