Maternidad

Embarazo y enfermedad: Mi experiencia con mi primer embarazo

4 junio, 2019

Si hay algo de lo que estoy convencida, es que por mucha lógica que tenga, y por mucho razonamiento que le des, cuando el instinto básico, nuestro código como mujer, nos empuja al deseo de la maternidad, no hay nada que lo pare, ni siquiera poner nuestra vida en riesgo.

Te voy a contar como fue mi primer embarazo teniendo Esclerodermia. He de decir, que en ese momento, no sabía que sufría una enfermedad rara, así que mi embarazo se trató como el de una mujer sana, sin riesgo, pero los hubo y muchos!

ANTES DE COMENZAR: Este post es mi experiencia única y personal. Las complicaciones de mi embarazo pueden estar ligadas o no a la enfermedad (no lo saben ni los propios médicos).

Primer trimestre

En junio de 2013 Alberto me confesó su extrema necesidad de ser padre. Yo no lo tenía del todo claro, pero realmente ¿Hay un momento adecuado para ser ma(pa)dres? Así que nos pusimos al lío (esta parte me la salto que seguro que sabes como va). Como buena madre rara y en mi condición de impaciente, compré por internet un test ultra sensibles (bueno vale, compré diez) que podían detectar el positivo hasta siete días antes, y como no, empecé a hacer un test cada día, los último diez días restantes antes de la regla.

A los siete días pre-regla vi mi positivo. Si hay algo que me caracteriza es la impaciencia, así que pedí cita a las cinco semanas de embarazo por la mutua privada. Aun que sabía que probablemente no se vería nada, estaba desesperada por saber que el positivo era real. La doctora me hizo la revisión habitual: tensión, peso, preguntas y llego el momento de tumbarse en la camilla!

Espera…

-¿La eco-grafía no es en la barriga? ¿Qué es ese pedazo de palo? -dije confundida
-Nati querida, estoy segura que lo que te puso ese bebé en el útero era mas grande que esto…-la doctora reía a carcajadas.
-Sí..! Quiero decir…No! Eh?…Comencemos- Natalia salió del grupo…

Unos minutos después de todo este circo, pudimos ver la bolsita del embrión, minúscula, sin latido todavía pero te aseguro que era la bolitas mas bella del mundo que con su diminuto tamaño ya decía: ¡Aquí estoy mamá!

Las siguientes semanas transcurrieron sin complicaciones. Acudía cada tres semana a la visita, con sus analíticas y pruebas pertinentes durante el primer trimestre.

Segundo trimestre

Comenzó la diversión en cuanto me programaron la eco-grafía del Triple Screnning. En ella, la doctora mide diferentes partes del cuerpo del bebé y junto con unos baremos y contrastando con tus analíticas, les da unos indicativos sobre si el bebé puede o no sufrir algunas alteraciones cromosómicas.

Cuando recibí los resultados de las analíticas, los marcadores señalaban que mi bebé tenia el marcador del cromosoma 21 alterado. El resultado fue 211/1.000.

¿Qué quería decir esto? Que de 1.000 mujeres como yo, con los mismos resultados en analíticas y la mismo baremo de medición del bebé, 211 habían tenido un bebé con este cromosoma alterado, osea, con Síndrome de Down.

Era un porcentaje muy alto. Y aun que esta ecografía es pura estadística, cabía la posibilidad de que mi bebé tuviese esta alteración. Así que mi doctora me dio varias opciones para descartar o afirmar lo que el screnning había dicho.

Después de pensarlo y estudiar los pros y contras, lo que tenía claro es que no quería hacerme una prueba que me asegurara al 99%, quería un 100%,. Por eso me decidí por la amniocentesis, que como me dijo la doctora, es una prueba invasiva, con 0,1% de posibilidad de rotura de bolsa y/o aborto, pero era un diagnóstico seguro.

A los pocos días me citaron para realizar prueba. Si ha habido algún momento de mi vida en el que he estado nerviosa, ha sido este. Dudosa entré en consulta. No sabía si andar hacía delate o hacía atrás. ¿Estaba haciendo lo correcto? Dejé de cuestionarme cuando toda mi atención fue a parar a las manos de la doctora. Lo que sostenía era la aguja (por llamarla de alguna manera), a mí me pareció mas bien la empuñadura de un guerrero vikingo…Aquello era mas largo que mi antebrazo.

La prueba duró unos cinco minutos, y no fue dolorosa, algo así como una analítica. Pero algo que si me llamó la atención es como la doctora tuvo que hacer doble presión al introducir la aguja, como si rompiese dos capas de piel. Ella también extrañada recuerdo que dijo: ¡Qué piel tan dura! (¡Hola Esclerodermia!)

A la semana me llamaron del laboratorio y me dieron las mejores noticias que puede recibir una madre: Tu bebé está bien. No sabes como lloré aquel día.

Tercer trimestre

Al cumplir las 27 semanas me despertó un fuerte dolor en el vientre. Ahora que sé lo que es tener contracciones, sé que aquel dolor fue una de parto.
Seguí con ellas un par de horas, no tan intensas pero molestas. A las pocas horas le dije a Alberto de acercarnos un momento al hospital para que me echasen un vistazo y quedarme mas tranquila. Pero para mi sorpresa, la cosa era mas grave de lo que parecía.

Al llegar al hospital me pusieron las correas para monitorizar las contracciones y constantes del bebé. En los monitores reflejaban contracciones cada tres minutos, que duraban unos 40 segundos y no cesaron durante una hora. Me estaba poniendo de parto…

Decidieron ingresarme para parar las contracciones, porque a ese ritmo, podía parir en cuestión de horas. Me administraron un medicamento para madurar los pulmones del bebé y otro en vena para parar contracciones.

Pasaron 48h desde la administración de la medicación para la contracciones, así que había que retirarlo. Con un poco de suerte, el cuerpo se estabilizaría y pararía el proceso, así que esperamos unas horas para ver si todo estaba estable. Pero poco después las contracciones volvieron a empezar con la misma intensidad.

Las doctoras me pusieron en situación. No sabían el origen de lo que estaba provocando el parto y creyeron que lo más indicado era hacer otra amniocentesis para descartar infección en el líquido amniótico. Por otro lado me informaron que el hospital no podía darme la atención que necesitaba mi hijo si finalmente nacía prematuro y por tanto llamaron a una ambulancia que efectuaría mi traslado al hospital público.

Estuve ingresada en el hospital Vall d’Hebrón una semana, otra vez con la medicación para parar por segunda vez las contracciones. Entre las vías y los pinchazos de heparina, más que una embarazada, parecía un colador. Las contracciones habían parado y parecía que la cosa estaba estable. Me dieron el alta con reposo absoluto como mínimo hasta la semana 32 osea, mas de un mes y medio de la cama al sofá. (¡Ahora sí! Eso es lo mío, vaguear)

Te puedes imaginar la emoción del final del embarazo. Me lo pasé con una campanita en mano a lo reina de Saba, sin moverme para nada, ni siquiera para ir al baño, al menos las primeras semanas de reposo, otra cosa no, pero obediente he salido y si se tiene que cagar en una cuña pues se caga y punto!

Momento del parto

A las 40 semanas fisuré la bolsa y un chorro de agua llena de sangre cayó al suelo. ¿Por que nadie me dijo que el líquido podía ir acompañado de sangre? Al ver tanta sangre me puse lo primero que vi y me fui volando al hospital. En aquel momento, Alberto trabajaba en una cárcel y obvio, no puede llevar el móvil encima, por lo que había que llamar a la central de la cárcel y dese allí, ellos le avisarían.
Pues aquí la amiga (presente), estaba tan histérica pensando que bebé se estaba muriendo, que no filtraba lo que iba diciendo por los pasillos, y parece ser (digo parece por que no lo recuerdo) que iba exigiendo a mi familia allí presente a grito semi pelao, que llamase a Alberto a la cárcel…
Claro, imaginaros la cara de la gente, yo medio en pijama, llena de sangre y pidiendo un teléfono para llamar a mi marido a la cárcel…De postal de Navidad.

No sabré nunca si tantas complicaciones en el embarazo fueron por culpa de la esclerodermia o por otros motivos, pero lo que si se, es que el parto no fue lo esperado y estuve a punto de perder a mi hijo.

Pero esto te lo contaré en el siguiente post!

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